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Cada vez más cerca del Oasis

Fragmento del libro El oasis. Reflexiones vaquilleras (click aquí para más información).


Si hay un adjetivo capaz de definir la vida, ese es sin duda el de impredecible. ¿Quién hubiera podido pronosticar, ni aun echando mano de toda la imaginación del mundo, la situación en la que nos íbamos a encontrar tras dar los primeros pasos en ese recién llegado año de 2020?

Esta tormenta global que alcanzó las cuatro esquinas del planeta llegó con tanta fuerza que nos arrancó de un plumazo, de un solo golpe, todos nuestros hábitos, todas las costumbres a las que nos aferramos como sociedad. Y no solo a nosotros, sino a prácticamente todas las sociedades del planeta. A lo largo y ancho del mundo, aviones detenidos, parques vacíos, ciudades fantasmas y sueños congelados.

Y entre esos sueños, el nuestro, el que a lo largo del año más amamos y más anhelamos como turolenses. El sueño de atarnos una vez más el pañuelico al cuello y de salir a la calle a bebernos la vida.

No habrá Vaquilla este año, pero nada impide que los vaquilleros y las vaquilleras podamos reencontrarnos en el territorio delimitado por la nostalgia y por el recuerdo de los momentos vividos.

Recojo aquí una hermosa frase que el psiquiatra Viktor Frankl citaba en su obra más trascendental El hombre en busca de sentido (frase cuya autoría no he conseguido descubrir) y que afirma con rotundidad que ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que ya has vivido.

Hay una verdad enorme dentro de esas palabras. El maldito coronavirus nos ha robado, entre otras muchas cosas, la Vaquilla del año 2020, pero ni él, ni nada, ni nadie podrá robarnos jamás todas esas vaquillas que ya hemos vivido, las que llegaron poniendo punto y final a doce meses de espera, al nerviosismo que nos invade en la recta final, a las ansias desbordantes que uno es ya incapaz de retener desde que, el viernes previo, la traca recorre el espacio que separa la plaza San Juan de la del Torico y atraviesa el tozal llenando el aire de humo, de olor a pólvora y de metas al fin alcanzadas. Las vaquillas que llegaron, como digo, y se marcharon pocos días más tarde, dejándonos más cansados y más tristes pero también más cargados de recuerdos y memorias. Esas memorias ya forman parte de nosotros y de nosotras. A nivel individual y, sobre todo, a nivel colectivo, pues es esa manera que tenemos de vivir la Vaquilla como parte de una tribu, lo que hace de ella algo mágico y trascendente.

No habrá pañuelico este año, no habrá charangas, remojones, ensogados ni regañaos (al menos no dentro del marco en el que tanto nos gusta disfrutarlos), pero nos quedan dos cosas: por un lado el recuerdo, como ya he dicho; por otro la esperanza y la certeza de que pasarán los meses y vendrán nuevas vaquillas. Porque sí. Porque así ha de ser. Porque las tradiciones están ahí para recordarle al tiempo que hay algo más fuerte que él, algo que los pueblos son capaces de perpetuar y de transmitir de generación en generación. La Vaquilla es una de esas tradiciones. Y todos sabemos que volverá.

Mientras tanto, te ofrezco este texto, amigo vaquillero, amiga vaquillera (no dudo de que te consideras tal si estás invirtiendo algo tan valioso como tu tiempo en perderte entre estas palabras), para que lo uses a modo de bálsamo para sobrellevar la ausencia de nuestra fiesta en este extraño año de 2020. Será un bálsamo pobre que apenas alcanzará a calmar el dolor de la ausencia, lo sé, pero tal vez te ayude aunque solo sea un poco a adormecer la tristeza y a matar parte de la ardua espera.

Puedes hacer de estas páginas un territorio para el reencuentro. El reencuentro con los recuerdos, con las emociones, con las risas y con las lágrimas de otros años. Como padre de estas páginas, el mejor regalo que puedo recibir es que tú, lector, que tú, lectora, encuentres en ellas un reflejo, aunque sea leve y lejano, de lo que has vivido durante tus vaquillas particulares, y que en ese reflejo consigas, a pesar de la distancia, a pesar de la nostalgia, verte de nuevo riendo con los tuyos, con el litro en la mano y el pañuelico en el cuello.

Publicado enAutopublicación

12 comentarios

  1. Sara Sara

    Gracias por este texto, me ha encantado… Se me ha puesto la piel erizada en más de una línea. Me he sentido muy identificada y reconfortada… Acertadas palabras con sentimiento vaquillero…

    Esta me la guardo:

    » El sueño de atarnos una vez más el pañuelico al cuello y de salir a la calle a bebernos la vida».

    • Cuando las palabras aciertan es porque los sentimientos son muy similares para todos los que amamos esta fiesta. El fin de semana que viene estará disponible el libro completo!!
      Gracias por comentar 🙂

  2. tumadre tumadre

    ya la he leido, de un tirónnnnn. estupendo , que bien relatas la vaquilla, peñas ,amistades, progamas, me ha gustado mucho, felicidades hijo.

  3. Marisa Marisa

    No habra vaquillaa este año pero si recuerdos y muchos … y el año proximo lo dsfrutaremos el doble .y loeaee por todos y tambien rezare por todos .

    • Los recuerdos siempre estarán ahí. Recuerdos vaquilleros que ya son parte de nosotros. Espero que disfrutes la lectura. Gracias por comentar. 😉

  4. José Pedro José Pedro

    Gracias por este texto. No he encontrado un texto que sea capaz de explicar tan bien esta fiesta y sus sensaciones, ni ninguno que me haya hecho sentir tan reflejado, Y tan vivos los recuerdos y las emociones vividas. Quizas afloren más los sentimientos en las circunstancias en la que nos encontramos «tan cerca del oasis y tan lejos otra vez» . No he podido leerlo de seguido, pelos de punta, amagos de lágrima ,etc etc… he tenido que parar cojer aire varias veces y retomar nuevamente, Este año no podrá ser como nos gustan y duele, duele mucho. Este año 2020 todo ha dado un vuelco inesperado para tod@s, toca readaptarse y refugiarnos y empaparnos de la esencia de la cuadrilla o familia más cercana,extremar las precauciones y pasar el trámite de unos días diferentes de la mejor manera posible , que seguro nos dejan mágicos recuerdos. Animo a tod@s vaquiller@s.

    • Muchas gracias por tu comentario, José. Me alegra comprobar que encontráis en este texto esos reflejos de vuestras propias sensaciones, de los sentimientos que la Vaquilla os despierta. Ese es el objetivo principal del texto.
      Me gusta tu observación sobre la necesidad en estos días de refugiarse en la tribu para pasar el mal trago. No tenemos Vaquilla este año, pero siempre nos tendremos unos a otros para juntarnos y resucitar los momentos vividos contando batallitas mientras nos echamos una cerveza. Ánimo en la espera que no queda nada!!

  5. Floren Floren

    Aquí sentada en el comedor, leyendo este maravilloso texto en familia y todos con lágrimas en los ojos , dando pie a recuerdos que como bien dice ,este maldito bicho no podrá arrebatarnos , sin duda , alguna volveremos y con más ganas que nunca ……💪💪

    • Gracias por tus palabras, Floren. Me alegra ver que el texto tiene esa capacidad para llegar y conmover. Es hermoso comprobar que ese sentir vaquillero es común a muchos de nosotros. Como bien dices, volveremos con más ganas que nunca porque nada puede frenar a la Vaquilla.

  6. Pilar Archilaga Pilar Archilaga

    Gracias mil por compartir tu libro de manera tan desinteresada, me lo he leído de cabo a rabo con la sonrisa puesta, me ha hecho recordar momentos inolvidables vividos en esta nuestra fiesta, totalmente de acuerdo contigo en la grandeza de la Vaquilla y en el porque, claro que es la gente lo que hace grande a esta fiesta, que estrechamos lazos estos días, que es una catarsis… me ha encantado la mención especial a las zapatillas viejas que todos guardamos como tesoros durante meses para terminar de machacarlas en 4 días, la mención a las madres y su manía de planchar la ropa vaquillera (así son ellas, geniales).
    Me he visto muy identificada contigo cuando no estuve en mi primera Vaquilla (mi hijo mayor nació un 19 de julio, me fui a la playa y casi desbordé el Mediterráneo con las lágrimas que derramé.
    Es muy bueno que reivindiques las cosas buenas de vivir en sitios pequeños, la no soledad, el compartir, el no parar de hablar ni de reír con todo el mundo esos días, es una gran terapia colectiva.
    Agradezco tus guiños a la vida sana: comer, beber, bailar, reír, compartir, todo con moderación es un cóctel ganador.
    Una cosa sí echo en falta y son los ensogaos del lunes por la mañana, ese amanecer en la plaza con las pestañas entrecerradas por el sol cegador de julio, rodeada de familias y amigos, ver el toro, con esa fuerza y arrogancia que más tarde palidecerá por la agotadora carrera, la adrenalina a tope, pues me dan mucho miedo semejantes bestias y a correr… qué sensación… inexplicable.
    Gracias y que nadie nos robe los recuerdos.

    • Mil gracias por tus palabras Pilar. Es hermoso ver que estas páginas encuentran un eco al otro lado de la lectura y que reflejan las vivencias de otros amantes de nuestra fiesta 🙂

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