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Mes: marzo 2021

Las palabras también tienen abuelos

Las palabras forman parte de nuestra realidad. Son la herramienta a través de la cual exteriorizamos todo lo de nuestro interior y reflejamos todo lo del exterior. Siempre están ahí. Cada día. Cada hora. Pero las usamos sin conocer, la mayoría de las veces, cuál es su pasado, cuál es la historia que las ha traído hasta nuestro tiempo, quiénes son sus antepasados, sus abuelos.

El libro The etymologicon, de Mark Forstyh, explica con un humor finísimo, el origen y la evolución de muchos términos. Se centra en el léxico de la lengua inglesa, pero siempre es posible encontrar en esta los reflejos de alguna palabra de nuestra lengua.

Es en sus páginas donde he descubierto, por ejemplo, que la heroina fue una marca registrada de Bayer, la farmacéutica que la inventó como alternativa a la morfina (nombre que, por cierto, proviene del dios Morfeo por su capacidad para inducir al sueño a quien la consume) para evitar la adicción que esta generaba; el nombre de heroina se les ocurrió cuando preguntaron a sus pacientes cómo se sentían al tomarla y la mayoría dijeron que se sentían como héroes.

Forstyh explica también, entre otras cosas, la relación entre el botulismo, causado por una bacteria que proliferaba en la carne de mala calidad que se usaba para la elaboración de salchichas (botulis, en latín), y el botox, que no es otra cosa que una cantidad mínima de dicha toxina que, inyectada en los músculos faciales, los paraliza dándole al rostro ese aspecto inmóvil que tanto gusta por esas tierras de Hollywood.

Desde luego, cuántas historias esconden las palabras…

2 comentarios

Foto

—Papá, ¿por qué fotografías las hojas? Solo son hojas.

El padre detiene un momento su movimiento a media altura camino de su cara, las manos portando la cámara. Piensa en la magia de la foto: capturar un instante que, de otro modo, se perdería ya para siempre. Como cada instante de este mundo, muriendo nada más nacer.

Piensa que congelar el tiempo, aunque solo sea una insignificante parte del tiempo, un minúsculo aquí y ahora, le acerca un poquito, de una compleja manera que ni él mismo llega a comprender, a la inmortalidad; le permite prolongar la lucha de aquellas hojas contra la muerte, invitar al otoño a quedarse un poco más en aquel parque.

Pero piensa también que los niños están, qué suerte, lejos de las nostalgias que el paso del tiempo arroja contra los adultos.

—Me gustan—, le responde situando su ojo en el visor, encuadrando y disparando.— ¿No te parecen bonitas?— le pregunta sonriéndole.

—Bueno… —contesta el niño mientras coge un palo del suelo y se aleja hacia el agua que, cayendo de la fuente, forma pequeños charcos en la arena a unos metros de distancia.

Fotografía: Guada Caulín

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