Saltar al contenido

David Esteban Entradas

Cuando leer te invita a correr

A veces es hermoso volver a reencontrarse con una lectura. Esta vez me ha sucedido con Nacidos para correr, de Christopher McDougall. Este libro se convirtió hace ya unos añitos en toda una fuente de inspiración para muchos corredores de esa marea imparable que el auge del running ha traído en los últimos tiempos.

Leí el libro hace ya algunos años, cuando yo mismo era un yonki de la zancada. Y me gustó. He vuelto a leerlo ahora, alejado ya de ese mundillo. Y me ha vuelto a gustar.

Está claro que es una lectura con un tema muy específico (las carreras de larga distancia y el largo debate, aún hoy totalmente vigente, sobre las dudosas cualidades del calzado deportivo para corredores y la conveniencia o no de correr descalzos), un tema que a priori podría interesar solo a los aficionados a correr, pero la magia de este libro, lo que lo ha convertido en un best seller y en una referencia dentro de la literatura deportiva son las historias humanas que se entrelazan en sus páginas.

La narración de una carrera de ultraresistencia en la que los mejores de entre los tarahumara, una tribu de México que ha sabido escapar a la vorágine evolutiva del mundo moderno, y los mejores ultramaratonianos del mundo occidental, sirve de marco para la narración de historias de vida muy emotivas, historias que ofrecen al lector, aunque nunca haya corrido más allá de lo obligatorio en las clases de educación física, las herramientas para comprender porqué la gente se enamora de esa acción tan sencilla como es dar un paso y luego otro, y otro, y otro más…

Podría escribir largo y tendido sobre este libro, pero ya lo han hecho muchos antes y muchos otros seguirán haciéndolo, así que cerraré esta publicación con una reflexión final: Nacidos para correr es uno de esos libros que y rompen la barrera impuesta por su género y desbordan el corsé del público objetivo al que parecen ir dirigidos. Si eres corredor o si alguna vez lo fuiste, disfrutarás su lectura. Si no lo eres ni tienes intención de serlo, disfrutarás su lectura. Te lo recomiendo.

1 comentario

Hoy todo huele a silencio

Hoy todo huele a silencio.

El agua que arrastra hasta la piedras

una canción de color gris cansado.

Las nieblas que muerden los montes.

Varias aves que cantan desde inasibles rincones.

Un coche que pasa rasgando la bruma.

La lluvia que dibuja tristezas

sobre la piel del pantano.

Hoy el viento no es zarpazo;

no es ni siquiera caricia:

hoy es tan sólo un abismo,

amplio, callado, invisible.

Hoy la luz es portadora de nostalgias,

y se oxida un poco más con cada paso que se aleja.

Hoy todo huele a silencio.

Silencio: esa canción de nadie

que ya casi nunca escuchamos.

Fotografía: Guada Caulín

2 comentarios

Sombras, siluetas.

Avanzaba por la vida arrastrando una fría antología de derrotas junto a alguna dignidad y varias pequeñas victorias. Un millón de recuerdos con cuerpo de acuarela y la consistencia de un suspiro conformaban su tesoro más íntimo. Sombras, siluetas, sucesos que formaban el esqueleto de su pasado.

Así atravesaba los días, surcaba los meses, amontonaba los años. Dócilmente.

Poco a poco, en tardes llenas de calma que, siempre diferentes pero siempre iguales, se habían ido sucediendo— puesta de sol tras puesta de sol—, había ido olvidando lenta, muy lentamente en qué consistía el arte de la vida. Las viejas heridas del amor habían cicatrizado y acabaron por desaparecer. Ya ni rastro había de las huellas de mil pasiones que habían sido testigos de sus mejores noches.

La vida se le había convertido en una gris sucesión de jornadas encadenadas, sin más asomo de novedad que alguna punzada ocasional, algún recuerdo que amenazaba con volver de cuando en cuando (sombras, siluetas), algún resto de pasados naufragios que flotaba a la deriva devorado por el tiempo y por el sol.

Olvidado ya el arte de la vida, todo intento de alegría era perezosamente postergado para mañana. Y triste, muy triste era este caminar por pasillos de ceniza fría, pero más aún lo era su manera de enfrentar ese vacío: —No me importa—, se repetía una y otra vez. — No me importa.

Fotografía: Guada Caulín

Deja un comentario

La espía

Jamás he vuelto a sentirme tan viva como durante aquel instante en el que salí de la habitación de aquel viejo general llevándome conmigo los secretos sobre sus planes. Hubiera gritado de euforia allí mismo.

Cuando me propusieron aquella locura un año antes me eché a temblar. Pero pronto descubrí que era buena. Muy buena.

Todo empezaba con la conversación: los temas precisos, con ciertas opiniones, a medio camino entre el atrevimiento y la controversia, solían ser el gancho perfecto para que se fijasen en mí. Mezclar las palabras con una frívola coquetería hacía que mis víctimas recordasen mi cara y mi nombre; así plantaba en ellos la semilla del deseo.

Pero también comprendí cuál era el arma perfecta de una buena espía. El golpe definitivo venía siempre desde la mirada.

Los gestos y las palabras contaban una historia, pero los ojos debían contar otra; debían convertirse en una invitación al misterio, en una bruma imposible de desentrañar, en un abismo donde caben todos los sueños del hombre.

Una vez logrado eso, aquellos pobres ilusos caían en mi red sin salvación posible.

Fotografía: Guada Caulín

2 comentarios

Un ruido muy agradable

En ocasiones ocurre que uno se cruza con un libro cuya lectura es capaz de sacudirle, de rascarle muy adentro, de devolverle el sabor de la lectura porque sí, por el simple placer de la lectura. En mi caso, acaba de ocurrirme con Ruido de zuecos, de Severino Pallaruelo.

Desconocía la existencia de este libro, una obra que llegó a mí en forma de regalo doble: por un lado el libro físico en sí (amaneció un día en mi buzón casi sin previo aviso, enviado por un amigo) y por otro lado el regalo del descubrimiento de todas las historias que caben entre sus páginas.

Ruido de zuecos construye, a lo largo de las vidas de tres personajes principales y de sus tres generaciones, un retrato real, muy real, del modo de vida de las gentes de montaña, de quienes poblaron los pueblos pirenaicos que poco a poco se secaron como se secarán un día los glaciares que decoran algunas de esas montañas.

Entre relatos teñidos de nostalgia, el autor nos muestra el día a día de unas existencias que, sin ellas saberlo, estaban condenadas a la desaparición ante el avance de otras sociedades, otros modos de vida y otras maneras de afrontar la existencia.

Como muestra, un par de botones.

Lo que nos va pasando cada día, las sensaciones, los sentimientos, viven diluidos en las claras aguas del alma. Como están diluidos, apenas notamos la fuerza de su sabor. Pero luego, con el paso de los años, todo eso se va decantando, se deposita en el fondo y luego se seca. Queda allí, en algún rincón del alma, guardado en forma de costras o de pastillas de concentrados especiales cuya presencia no se hace notar. Pero de repente, si les alcanza un chubasco, un poquito de agua, algo de humedad, vuelven a diluirse y llenan el alma del mismo gusto de otros días, del mismo sabor de los tiempos lejanos, pero más elaborado, más puro, como el de un vino añejo o un caldo espeso.


Cuatro horas, perdidas en la lejanía del éter infinito donde duerme todo lo que fue y ya no es, los acontecimientos, las sensaciones, los deseos, los sentimientos que existieron y que murieron, todo acumulado en el aire invisible, en la nada donde se amontona todo lo que sucede. Desde allí retornan para torturar, solo para eso, cuatro horas que tuvieron cara alegre y después, cuando regresan del armario imprevisible del recuerdo, ofrecen el otro lado de su rostro, tan amargo como dulce fue el lado primero que, entre besos, mostraron.

Deja un comentario

La luz de la noche

Las cuatro siluetas se alejaron, antorchas en mano y pronto fueron tragadas por el abrazo de la noche. Tras ellos dejaban el cadáver de aquel hombre, brutalmente apaleado sobre el suelo de aquella escondida ermita. Todos ellos sabían que las acusaciones de brujería que pesaban sobre él eran fruto de las supersticiones más infundadas y chabacanas, pero su origen incierto, sus extraños viajes, que solían alejarle de la aldea durante meses y la locura de su padre, habían sido el caldo de cultivo perfecto para que un temor irreverente y violento creciese entre la mayor parte de los vecinos.

Muchos estaban totalmente convencidos del origen satánico de aquel pobre diablo, pero no ellos cuatro. Ellos solo eran oportunistas. Su muerte dejaría una jugosa herencia sin nadie que la reclamase: las tierras que se extendían entre el molino y el camino del sur. Ellos acababan de llevar a cabo la tarea que todo el mundo reclamaba pero nadie se atrevía a hacer, así que se habían ganado el derecho a apropiarse de sus tierras.

Cuando el fulgor inexplicable surgió del interior de la ermita besando con fuerza los muros y llenando de luz por un instante aquel claro perdido del bosque, nadie fue testigo, pues nadie había ya por allí. Tampoco hubo nadie al día siguiente, ni al siguiente, ni en las semanas o meses que vinieron después. Nadie que pudiese preguntarse qué extraña fuerza había reclamado el cadáver aún caliente, y lo había hecho desvanecerse como una pluma en una tormenta.

3 comentarios

Recordando las tramas de Vendrán nuevas primaveras

ATENCIÓN: PELIGRO DE SPOILER. LEER SOLO SI YA HAS LEÍDO LAS DOS PRIMERAS NOVELAS DE LA TRILOGÍA.

Los lectores de literatura fantástica están de enhorabuena. En breve aparecerá publicada Las puertas de piedra, la tercera entrega de la trilogía Crónica del asesino de reyes, de Patrick Rothfuss cuyo primer título apareció hace ya unos cuantos años. Recuerdo haber leído con pasión esa primera novela. Recuerdo haber devorado la segunda. Y recuerdo poco más, sinceramente… Muchos de los detalles, de los eventos y de los personajes que aparecían han desaparecido ya de mi memoria.

Ese es un gran problema cuando se trata de leer series de novelas (trilogías, tetralogías, sagas…). El tiempo pasa entre una y otra lectura y uno olvida parte de las tramas. Precisamente para evitar que el lector tenga ese problema con Palabras bajo el cielo de Dugalia, hoy traigo un resumen para recordar en qué punto exacto quedaron las principales tramas de Vendrán nuevas primaveras, la segunda novela de la trilogía. Así que os dejo con los mismos pero antes os reitero la advertencia del título del post, pues no quiero arruinarte el pastel: NO LEAS ESTE RESUMEN SI NO HAS LEÍDO YA LAS DOS PRIMERAS NOVELAS.

Resumen/recordatorio de Vendrán nuevas primaveras.

Auver: antiguo tesorero de Torrehendida a las órdenes del halcón Chester y de su esposa fue encarcelado por sus robos y escapó tras degollar a Bernard, el carcelero de la villa. Reapareció un tiempo después frente a Sikelia para acusar a Chester de atacar y matar a los vigilantes de una de las minas y robar el oro que el Imperio empezaba a explotar tras la conquista de Piel-de-Agua.

Trig Jakobstad y los isleños:tras asesinar a Balmungin Nárklaus, el sucesor del Viejo Rey, Trig convence a muchos de los habitantes de las Islas de la Miel de recuperar su antigua tradición de las armas y de lanzarse a una oleada de ataques y saqueos contra las costas de Utara.

Durnan, Cora, Alhazred y Hovik: abandonan el Señora del Vaho tras el motín y posterior asesinato de la capitana Liz Soars, llegan a la costa donde se encuentran con unas mujeres, una de las cuales traba combate con Hovik, que consigue derrotarla. Cuando las cosas empiezan a ponerse tensas a parece una anciana que parece conocer a Alhazred.

El barón Randall y Rick-Isoloth: Gunila convence a Rigar de unir fuerzas y plantar cara a las huestes del barón Randall que se aproximan hacia el Seculado, pero el día de la batalla Gunila no aparece y por parte de la Fe se presenta a la batalla tan solo un ejército de voluntarios sin expeiencia en la batalla. El barón Randall consigue una sonora victoria, pero por la noche Rick entra en su tienda y lo estrangula. Acto seguido convierte en soñadores a las tropas de Randall que habían sobrevivido al combate.

Rasenne: poniendo como excusa los rumores que hablan de movilizaciones de guerreros desde las Islas de la Miel, pide permiso al barón Randall para partir hacia el norte para contactar con los isleños de cara a establecer lazos para el futuro.

Vulco: después de ser rescatado del mar por un ermitaño llamado Neb pasa una temporada con él en su cueva de los acantilados tras lo cual recupera las ganas de vivir y reemprende su viaje hacia su hogar Brumalia. Sabe que debe volver allí, que algo está ocurriendo, pero ignora qué puede ser. Neb le ayuda a llegar hasta un barco y paga el pasaje para que lo lleven hasta Brumalia.

Basiana: sacerdotisa de la Fe residente en Campoestelar. Da aviso a los habitantes de la ciudad advirtiéndoles del ataque que van a sufrir; la noche en la que los soñadores atacan Campoestelar a encuentran vacía. Basiana ha visto el ataque en sus visiones, visiones que se están volviendo cada vez más agudas y más potentes pero que al mismo tiempo le han llevado a flirtear con la locura. Tras presenciar la quema de su ciudad se aleja de allí.

Anthon de Dralin: ocupa el trono del reino tras la muerte de su padre, caído en batalla liderando a los dragones blancos contra Yara la oscura, Urslingen y las huestes de Beriakorz. Decide pactar con los magos y les pide ayuda para defender Rocatrepada. Consiguen resistir el ataque con grandes pérdidas: mueren varios de los magos y se ven obligados a derribar media ciudad para impedir la invasión. Tras el combate aparecen tres personajes desconocidos, son de la tribu de los búhos y su líder es Lannwit Thakur, el señor de dicha tribu.

Corvix y los teaghami: tras ayudar a los dralinenses a frenar el ataque de los clanes bárbaros y perder a varios de los suyos, quedan unidos al reino por un pacto sellado con Anthon cuando este se convierte en rey a a muerte de su padre. Corvix acusa en especial la batalla, que le pasa factura por su delicado estado de salud.

Mesala: vence al halcón Firuz y logra apresarlo, pero dos señores traidores lo liberan por la noche. Mesala consigue atrapar y ajusticiar a los traidores pero no logra dar con Firuz. Sigue con el objetivo en mente de regresar con su ejército a Páramo del Viento para romper el asedio que sufre la capital.

Dan: dignatario de uno de los sistieris de Piel-de-Agua, trata de frenar el ataque del ejército carmesí, pero su estrategia de invocar al Dios Gusano acaba en un desastre que trae la destrucción sobre la ciudad. Está a punto de morir sepultado bajo las ruinas del templo de dicho dios pero finalmente se salva para ver cómo el enemigo está terminando de conquistar las ruinas de la ciudad.

Harrell de Nodielan: uno de los señores de la Línea de Straten. Ante la falta de un acuerdo común para afrontar el avance de las tropas carmesís decide emprender un peligroso viaje hacia Páramo del Viento para tratar de convencer a los señores rebeldes del sinsentido de mantener una lucha contra la corona cuando el extremo este del reino está siendo atacado por un enemigo tan poderoso como el Imperio Carmesí.

Emperatriz Sikelia: la ciudad del lago ha caído ante las fuerzas del imperio y los conquistadores se han hecho con las minas de las cercanías y ya están sacando el oro de allí para su propio beneficio. Sin embargo todo cambia para Sikelia cuando se produce una revuelta instigada por Táner Dimir y la emperatriz debe huir dejando tras ella a los fieles del clan de los Kars que se encargan de cubrir su retirada. Sin saber quiénes son los traidores y qué familias se han sumado a la conjura escapa y se pierde en las profundidades del Valle Blanco.

Princesa Elliabel: ambas están en la fortaleza de Murosalado, al oeste de Utara. La princesa fue sacada de Veinalia y custodiada hasta allí donde planean protegerla hasta que dé a luz al heredero del trono.

Aisha la siglar: consigue atraer a Elliabel a Murosalado para que se resguarde allí hasta dar a luz, sin embargo parece llevar algún asunto más entre manos a parte de la mera protección de la princesa.

Yara la oscura y Urslingen: la férrea defensa de os dralinenses con la colaboración de los teaghami frena el intento de invasión de los Clanes de la Luna Sangrienta. Durante el ataque Urslingen es lanzado a las profundidades de la garganta del Gran Sierpe sobre la cual se alza Rocatrepada y nada se sabe de Yara tras el fracaso del ataque bárbaro.

Deja un comentario

El desenlace de Palabras bajo el cielo de Dugalia está muy cerca

No sois pocos los que os habéis aventurado por las tierras de Dugalia a lo largo de las páginas de las dos primeras novelas de la trilogía. Este post es para informaros de que la tercera entrega, que llevará por título La noche oscura del alma, está cerca, muy cerca de ver la luz. De momento, y para ir abriendo boca, os traigo la portada realizada una vez más por la inigualable Elena Castillo.

En breve iré publicando más información sobre La noche oscura del alma. ¡Seguid atentos y no os despistéis si queréis estar al día!

Portada de la última entrega de la trilogía

2 comentarios